
Procentrismo es una plataforma cívica que articula voces técnicas, empresariales, académicas y sociales para construir soluciones reales a los desafíos del país.
Creemos que el progreso de Colombia pasa por reformar la forma en que se hace política: desde la razón, la evidencia y el compromiso con los ciudadanos.
Nos alejamos de los extremos y del populismo. No proponemos rupturas, sino transformaciones basadas en realismo, responsabilidad y una visión de largo plazo.
Promovemos una manera de hacer política donde el diálogo sustituye al grito, el conocimiento sustituye al dogma, y la acción sustituye a la indignación estéril.
El centro político no es evasión
En tiempos de trincheras ideológicas, la moderación parece una debilidad. Pero en ProCentrismo creemos que el centro político no es una evasiva, sino una forma seria y razonable de enfrentar un país complejo. No parte de la resignación, pero tampoco de la desmesura. Los extremos, aunque atrayentes, no pueden, ni deben reemplazar el dialogo civilizado que construye acuerdos e identifica propósitos comunes. Le aportamos desde la forma y el fondo a un centro político que no rehúye el debate, ni evita adoptar posiciones,
Intentamos mantener cierta provisionalidad en nuestras opiniones, pero no en nuestros principios. No por falta de convicción, sino por respeto a la realidad, que cambia, y por humildad frente al conocimiento, que avanza, también por apertura al debate democrático. No creemos en paraísos prometidos —ni en el cielo ni en la tierra—, ni en discursos fundacionales que pretenden partir la historia en dos. Toda reforma auténtica parte de reconocer lo que hay, lo que sirve y lo que debe mejorarse.
Nuestro centro no es neutralidad vacía, sino una postura activa: la de quienes creen que Colombia necesita reformas serias, guiadas por evidencia, construidas con diálogo, que por pensar en el presente olviden nuestra responsabilidad con el mañana. Reformas que no sean espectáculo, ni revancha, ni nostalgia.
Por eso defendemos una política basada en datos, evaluación rigurosa y deliberación pública. Creemos que la paz exige justicia, pero también instituciones capaces de proteger la vida, la libertad, la propiedad y cierto orden liberal. La equidad no sesegu logra solo con redistribución, sino con crecimiento económico sostenido y reglas claras, aunque moleste a los extremos, distribuir más riqueza es mejor que distribuir pobreza. Apostamos por una transición ambiental guiada por la ciencia, no por eslogans. Respetamos profundamente las libertades individuales —de conciencia, de empresa, de expresión, de conformar familia y de asociación, entre otras— y la dignidad humana, porque sin ellas no hay ciudadanía plena.
Confiamos en el trabajo conjunto entre empresa, academia y Estado para resolver desafíos comunes. Valoramos nuestra Constitución como el pacto democrático más ambicioso que ha tenido Colombia, pero no lo hacemos solo de palabra, sino respetandola y exigiendo respeto por su contenido, sin fragmentarla o amañarla. Y creemos, sobre todo, que sin descentralización real —política, fiscal, institucional— cualquier reforma será frágil y centralista.
Creemos en la política, sin hacernos muchas ilusiones con los politicos. Sabemos que las adhesiones intensas tienden al fanatismo, y que las instituciones humanas son imperfectas por definición. Pero también sabemos que son perfectibles, y que el deber cívico consiste en mejorarlas, no en incendiarlas.
En el fondo, nuestra visión parte de una premisa difícil pero honesta: muchos de los dilemas que enfrenta Colombia no tienen solución facil o pronta. Son conflictos trágicos, complejos, sobre los que nunca nos pondremos totalmente de acuerdo. Pero eso no es motivo para renunciar. Al contrario, es un llamado a deliberar mejor, a convivir con el desacuerdo, y a construir acuerdos básicos donde sí se pueda.
Como lo expresó el columnista Thierry Ways, en una frase que resume con precisión esta apuesta:
“El centro no es una cómoda posición intermedia, sino una cima difícil de alcanzar, que exige convicción, criterio y coraje para defenderla frente a los extremos”.
Por eso, creemos que distintas orillas políticas pueden encontrarse en unos mínimos comunes: el respeto a la ley, el reconocimiento de la diferencia, la dignidad humana, la libertad, la necesidad de instituciones que utiles, el valor del conocimiento, el compromiso con un país que funcione mejor para más gente.
No buscamos unanimismos. Buscamos diálogo. No proponemos fórmulas mágicas. Proponemos responsabilidad, esfuerzo y dedicación. No perdemos la esperanza ni en Colombia ni en el mundo, ni en la gente, hacer las cosas mejor —paso a paso, reforma a reforma, con el esfuerzo de todos y todas— sigue siendo una tarea que vale la pena.